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Después del terremoto: Capacitación

devastador terremoto ocurrido en febrero produjo un fuerte remezón en nuestras estructuras y lineamientos de acción. En este sentido, junto con el trabajo realizado por la ASATCH en ayuda a la comunidad, colaborando en las tareas de catastro y reconstrucción, el Presidente de la Asociación, Fernando Merino, destaca que el sismo reveló la necesidad de enfocarse fuertemente en la capacitación profesional en esa área. Precisamente uno de los lineamientos principales de trabajo de la ASATCH es la formación y capacitación de los profesionales tasadores, por lo que Merino señala que ha sido preciso reorientar las temáticas de los cursos a realizar durante este año.

En virtud de ello, para capacitarse en esta tarea y apoyar el trabajo que el país necesita, la ASATCH organizó el primer curso “Evaluación de daños estructurales post sismo”, que se llevó a cabo en el mes de mayo, el cual abarcó en forma completa el comportamiento estructural, fallas y reparación de los materiales hormigón armado, acero, albañilerías, madera y adobe, y suelos.

Merino señala que “para tasar en forma adecuada, es esencial capacitar a los profesionales y entregarles los elementos necesarios en cada situación. De esta manera, el curso se enfocó a presentar los daños producidos por efecto del terremoto en los distintos materiales de construcción y su reparación, obteniendo una respuesta muy positiva, teniendo una de las mayores asistencias de profesionales”.

Precisamente, Merino destaca que, producto del terremoto, ha aumentado considerablemente la solicitud de realización de tasaciones, especialmente por las compañías de seguros, resultando esencial estar preparado en esta materia, teniendo en cuenta, además, que este tipo de tasación presenta una gran problemática. “Los tasadores – señala - trabajan en el tema de valorizar los daños efectuados, usando el sistema de reposición, es decir, reponer lo que había. El problema se presenta en que se deben llevar a nuevo las estructuras antiguas y con años de uso, no contando con un registro de lo que había, de las características del terreno, de la estructura y su resistencia sísmica. En este sentido, sería de gran utilidad que las propiedades contaran con un registro de esa naturaleza, con todos los detalles e información necesaria respecto a la edificación”.

Asimismo, Merino resalta que “junto con la necesidad de este registro, el terremoto nos dejó la lección como arquitectos de preocuparnos en forma esencial de las características del suelo, de la empresa constructora, de la inmobiliaria, del calculista del proyecto. A la vez, tener mucho cuidado con la autoconstrucción, que por lo general no está regularizada y no cuenta con las características para resistir un sismo de magnitud”.

Si bien el riesgo de sismo es una constante que se incorpora en el valor de la propiedad, Merino señala que “los grandes desastres como el terremoto pasado, nos hacen estar más conscientes de ello e incorporarlo plenamente en nuestro trabajo. Al respecto, estamos más preocupados de diferenciar estructuras que se ven sanas con estructuras con problemas y dejar constancia de ello, junto con los sectores de la propiedad que no se encuentren debidamente regularizados”. Precisa que es vital hacer diferencias por el tipo de material de la edificación para tasarla en forma adecuada, ya que estas diferencias por calidad constructiva influyen fuertemente en el caso de sismo.

Reconoce que en estos momentos hay factores puntuales que influyen transitoriamente en el valor de una propiedad. Así precisa que “por efecto del terremoto la gente prefiere ahora los departamentos en pisos más bajos, generando una mayor demanda, lo que provoca un aumento en los precios por acción del mercado. Antes se valorizaba más por vista, prefiriéndose los departamentos de los pisos altos, pero ahora éstos tienen menor demanda, lo que baja su valor. No obstante, estos elementos son transitorios, y en un par de años el tema se va a regularizar completamente, pero sí se mantendrá la mayor atención de los propietarios sobre quién es la inmobiliaria, la empresa constructora y el ingeniero calculista participante del proyecto”.

“Todos estos elementos han recobrado nueva importancia para el propietario y para la valorización de la propiedad, por lo que como tasadores debemos irnos actualizando en la materia”, concluye Merino.