Precios de palafitos de Castro siguen al alza, pese a no tener títulos de dominio.

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Búsqueda de solución definitiva al tema está “congelada” desde 2013 y Valor de las construcciones parte entre 60 y 80 millones de pesos, dependiendo del espacio que ocupen en la línea de playa.

ASATCH palafitos“Tirados a su suerte”. Así describe el alcalde electo de Castro, Juan Eduardo Vera, la condición de los tradicionales palafitos cuya mayor concentración está en esa ciudad, aunque su frágil silueta -apoyada en postes de madera que parecen moverse en las altas mareas- se repite en otras islas del archipiélago de Chiloé.

Las infraestructuras dedicadas al turismo, una tendencia que agarró fuerza hace poco más de una década, ya representan cerca del 40% de los palafitos en los sectores con mayor número de ellos, como Gamboa y Pedro Montt 2, estima el diputado Alejandro Santana. Y aunque la Armada hizo en 2013 un catastro, aún no ha dado a conocer los antecedentes.

¿Por qué están tirados a su suerte? Porque hostales, restaurantes o cafés funcionan al margen de la ley desde su origen, ya que no tienen permisos de construcción ni pago de patentes.

Ello, porque pese a las buenas intenciones, aún no se resuelve el tema de la propiedad de estas edificaciones, considerando que están bajo la línea de 80 metros de la más alta marea, una zona con jurisdicción de la Armada, entidad que es la única que puede entregar concesiones de uso. Por eso, ningún “dueño” de palafito tiene título de dominio y, pese a ello, el interés de los inversionistas sigue creciendo, igual que los precios.

“El primero que se vendió fue como en $2 millones”, dice Marcos Álvarez, presidente de la Junta de Vecinos de Gamboa. “Eso fue hace unos 12 años. Ahora parten en 60 u 80 millones de pesos”.

A mayor interés, el precio fue subiendo y se ofertan en internet solos o en lote, como uno de 3 palafitos y una casa en Gamboa por $400 millones. “Es una compra privada, por escritura”, explica el vendedor, que tiene otro en $160 millones que no tiene publicado, asegura, “porque está funcionando” y el propietario no quiere que tenga cartel.
Según Álvarez, “aquí ha llegado gente muy conocida, incluso han comprado palafitos y se aburren, porque no se puede hacer ningún trámite”.

En 2009 hubo conversaciones y en 2013 ingresó un proyecto de ley para dar concesión a los residentes, sin costo. “La concesión era un avance, 25 o 30 años, una tranquilidad”, dice respecto del plazo que se planteaba. Pero insiste en que lo que requieren de verdad son títulos de dominio. “El tema está congelado”, cuenta Santana, para quien la única “solución real es una ley de excepción, como ha existido en otras zonas costeras, donde se entregaron títulos, pero eso requiere voluntad del Ejecutivo”.


Fuente: El Mercurio, noviembre 2016

ASATCH A.G.

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